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Terra
La Coctelera

3 de Agosto

Hace algunos días hizo falta una llamada de felicitación en mi cumpleaños. Una que no solía faltar. Enserio que me hizo falta. Y es que hasta un pequeño detalle como ése, ese día, hizo que nada fuera lo mismo.

Hoy que es tu cumpleaños, quisiera llamarte y decirte “Felicidades”. Desearte que estés más tiempo con nosotros, y que te mando un abrazo, pero eso ya no es posible, y así, así ya nada es lo mismo.

El día de hoy era un día de planear, de charlar, de reír, de pensar qué haríamos cuando nos reuniéramos todos los amigos para festejar tu cumpleaños, con una gran fiesta como siempre, estando seguros de divertirnos hasta amanecer, pero eso nunca, nunca nada será lo mismo.

Amigo Moncho, mi hermano, hoy no puedo llamarte para felicitarte por un año más de vida, ni mandarte un abrazo, ni decirte que se te estima en demasía. Pero a cambio, a cambio hoy festejo por haberte conocido, por haber crecido y compartido la vida y muchísimas experiencias inolvidables que nosotros tus compas (como tú nos decías), o tus brothers, (como nos considerabas), jamás olvidaremos. Grandes vivencias y lecciones de vida que siempre, siempre llevaremos con nosotros a lo largo de nuestros días, cada enseñanza contigo, eternamente, hasta que un día volvamos a reunirnos, y hasta ese entonces como antes... Todo, todo será lo mismo!

Doy gracias a la vida por haber acertado, hace 29 años, y gracias a ti, por todo. Hasta siempre carnalín... HASTA SIEMPRE MONCHO!!!

 

Quisiera ser chico (Junio 15, 2005)

Esta noche fui a la casa un buen amigo mío, Manuel, ahí nos reunimos 3 buenos amigos, él, el anfitrión, Eder y yo. Tomamos unas copas de whisky, platicamos, recordamos y sobre todo reímos, como es costumbre. Llegue un poco tarde a casa, mucho menos que otras veces, pero al llegar a la obscuridad de mi cuarto, mi mente comenzó a iluminar todo. Encendí mi computadora para darle una mano a mi imaginación. Saludé a algunos amigos, a otros cuantos que nisiquiera conozco y vi el DVD de Alejandro Filio que Mane me prestó, por cierto está muy bueno. No sé si fueron las canciones, no lo creo, creo más bien que fueron todos los pensamientos que he tenido últimamente sobre mi vida. Sólo tengo 22 años, pero la verdad siento como que he vivido 50, no porque esté cansado o porque sea suicida, jajajaja, la verdad me encanta la vida, le temo a la muerte, tengo la mejor familia y a los mejores amigos que hacen mi vida mucho mas difícil, pero así la disfruto más, jajajajaja, los MEJORES AMIGOS. Bueno como decía, anoche no pude evitar darle una hojeada al diario de mi cabeza y por un momento me quedé ahí disfrutando. El otro día incluso escribía algo más, pero no lo terminé y era algo más o menos así, esto también me hace pensar en que he estado recordando bastante. Bueno, a algo así como las 5:30 de la mañana, decidí cerrar mi computadora y cerrar los ojos también. El ruido del televisor me despertó, era mi hermano en la cama de un lado viendo la televisión, intenté abrir los ojos pero un ardor interminable y los millones de dedos del sol lo impedían. Antes del dolor y el ardor, llegó la incertidumbre por saber la hora, creí que era demasiado tarde. Mi hermana parada junto mis pies, veía lo que mi hermano en el televisor. Le pregunté enseguida la hora a mi hermana, contestó algo sacada de onda, quizá pensando que tenia que hacer algo y contestó: “las 9, ¿Por qué?”. Volteé al reloj para comprobar la hora, porque sentía que en verdad la sensación de que había dormido bastante. Me levanté, fui a la cocina, abrí el refrigerador y tomé mi jugo de naranja como es costumbre. Encendí la otra televisión, vi un poco de noticias y le cambié, me enfadé como de costumbre. Comencé a desayunar con la mano derecha mientras con la izquierda buscaba un canal de mi agrado, como de costumbre. En FOX estaba una de mis películas favoritas con uno de mis 3 actores favoritos. “Quisiera ser grande”. Es quizá una película tonta para quien vive al día sin importarle el mañana olvidándose del ayer. Para mi es algo diferente, es una película que va mas allá de mis ojos, sube a mi maquina del tiempo, mi mente, y viaja sin rumbo. Me identifico mucho con el personaje, aún no sé por qué, jajajaja. He visto esa película miles de veces y siempre encuentro algo nuevo, pero hoy especialmente pensé mucho, en el cómo es la infancia… y cómo es cuando somos adultos. La película quedo al pelo, porque he pensado mucho en esto desde hace unos dias.

Me puse a pensar, que cuando somos niños, el mayor problema es no encontrar el juguete favorito que vimos tirado unas horas antes y mamá lo recogió y no recuerda donde lo dejó. Cuando eres niño a pesar que no conoces los problemas, quieres ser grande para tener los tuyos. Cuando eres niño todo parece inmenso y las pequeñas explicaciones para tus cuestiones te parecen inmensamente sabias. Aun a pesar de lo maravilloso que es la niñez, solitos nos vamos pudriendo con nuestros mismos pensamientos y cerrazones, y por si fuera increíble, culpamos al viento. Entre mas viejos somos, mas desconfiados y no sé por qué, por el temor a sufrir; sufrir, ¿qué es sufrir? ¿es llorar? Cuando nacemos nos hacen llorar para saber si respiramos, si vivimos. Cuando vivimos lloramos, pero no lloramos tanto como para ahogarnos y morir, eso es porque hay algo mas adelante, pero muchas veces no entiendo ni yo esto que escribo. No necesariamente hablo de algo en específico, personas y acciones cambian nuestros pensamientos a cosas negativas: un amigo que traiciona, un desamor, un mal día, que te despidan del trabajo, no sé, cualquier cosa. Creo que hay una parte de la vida en que sentimos esto, es como si nunca estuviéramos conformes con lo que tenemos, ya no somos niños, y alguien ya toma más en cuenta nuestros comentarios, alguien nos escucha, nos lee, nos ve y aun así tenemos la necesidad de sentir necesidad y por si fuera poco, la necesidad de algo negativo. Porque no ver que cuando éramos niños teníamos, pero es mejor al sensación de sentirse escuchado, y por qué no ver que eso lo perderemos cuando seamos ancianos, seremos ignorados, así como hoy lo hacemos con nuestros abuelos. Cuando somos niños no le tememos a la muerte, cuando somos viejos sabemos que es el próximo paso, pero cuando somos adultos es lo peor que nos pudiera pasar. Que difícil es ser adulto y que genial es ser niño. Que fácil era la escuela veo ahora, que gran amigo era Jorge. Que mal me porté con Iván. Le hubiese prestado mis carritos a Cristóbal. Todo esto lo pienso siendo adulto, arrepentimientos, miedos, malos pensamientos, venganza, rencores… que grande era ser niño. Cuando eres adulto todo es una competencia, el trabajo es una guerra, los comentarios son discusiones, la fuerza es pelea, por eso, que grande era ser niño. Cuando somos niños las perdidas tienen el valor que deben tener, perdemos algo pero hay algo mas que reconforta, perdemos a alguien pero es porque debía ser así, no hay mas cuestiones, pero de grandes, es como si tuviéramos que ser dueños de todo, hasta de razones ajenas, de verdades que no existen y que no existirán. De pequeños perdíamos como grandes, y ya grandes, perdemos como pequeños. A veces navego en pensamientos de niño y sonrío, y ahora, pienso en recuerdos de ayer y me molestó o me pone mal, y es increíble, porque lo tengo todo hasta el valor de envejecer. No temo a ser viejo, pues sé que después de todo, es mejor estar a cualquiera de ambos extremos de la vida que estar en el ojo del huracán. Que grande era ser niño, no sabes de porqués, de comos, de dondes. Apenas es medio día, escribo esto como si mi vida ya estuviese marcada, nisiquiera el día ha rebasado su mitad, ahora es el reloj quien nos rige, ya vivimos a prisa, todo nos parece tonto, cometemos el pecado de conocer la pena, la vergüenza y nos evitamos de hacer cosas que quizá nos diviertan, pero las evitamos por el “qué dirán”. Que grande es ser niño… y viendo una película pienso y no dejo de pensar y soñar… ¡Quisiera ser chico!

Principito

Aprendí bien pronto a conocer mejor esta flor. Siempre había habido en el planeta del principito flores muy simples adornadas con una sola fila de pétalos que apenas ocupaban sitio y a nadie molestaban. Aparecían entre la hierba una mañana y por la tarde se extinguían. Pero aquella había germinado un día de una semilla llegada de quién sabe dónde, y el principito había vigilado cuidadosamente desde el primer día aquella ramita tan diferente de las que él conocía. Podía ser una nueva especie de Baobab. Pero el arbusto cesó pronto de crecer y comenzó a echar su flor.

El principito observó el crecimiento de un enorme capullo y tenía le convencimiento de que habría de salir de allí una aparición milagrosa; pero la flor no acababa de preparar su belleza al abrigo de su envoltura verde. Elegía con cuidado sus colores, se vestía lentamente y se ajustaba uno a uno sus pétalos. No quería salir ya ajada como las amapolas; quería aparecer en todo el esplendor de su belleza.

¡Ah, era muy coqueta aquella flor! Su misteriosa preparación duraba días y días. Hasta que una mañana, precisamente al salir el sol se mostró espléndida.

La flor, que había trabajado con tanta precisión, dijo bostezando:

-¡Ah, perdóname… apenas acabo de despertarme… estoy toda despeinada…!

El principito no pudo contener su admiración:

-¡Qué hermosa eres!

-¿Verdad? -respondió dulcemente la flor-. He nacido al mismo tiempo que el sol.

El principito advirtió que no era demasiado modesta, pero ¡era tan conmovedora!

-Me parece que ya es hora de desayunar - añadió la flor -; si tuvieras la bondad de pensar un poco en mí...

Y el principito, muy confuso, habiendo ido a buscar una regadera la roció abundantemente con agua fresca.

Y así, ella lo había atormentado con su vanidad un poco sombría. Un día, por ejemplo, hablando de sus cuatro espinas, dijo al principito:

-¡Ya pueden venir los tigres, con sus garras!

-No hay tigres en mi planeta -observó el principito- y, además, los tigres no comen hierba.

-Yo nos soy una hierba -respondió dulcemente la flor.

-Perdóname...

-No temo a los tigres, pero tengo miedo a las corrientes de aire. ¿No tendrás un biombo?

"Miedo a las corrientes de aire no es una suerte para una planta" -pensó el principito-. "Esta flor es demasiado complicada…"

-Por la noche me cubrirás con un fanal… hace mucho frío en tu tierra. No se está muy a gusto; allá de donde yo vengo…

La flor se interrumpió; había llegado allí en forma de semilla y no era posible que conociera otros mundos. Humillada por haberse dejado sorprender inventando un mentira tan ingenua, tosió dos o tres veces para atraerse la simpatía del principito.

-¿Y el biombo?

-Iba a buscarlo, pero como no dejabas de hablarme…

Insistió en su tos para darle al menos remordimientos.

De esta manera el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, había llegado a dudar de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia y se sentía desgraciado.

"Yo no debía hacerle caso -me confesó un día el principito- nunca hay que hacer caso a las flores, basta con mirarlas y olerlas. Mi flor embalsamaba el planeta, pero yo no sabía gozar con eso… Aquella historia de garra y tigres que tanto me molestó, hubiera debido enternecerme".

Y me contó todavía:

"¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡Me perfumaba y me iluminaba la vida. No debi haber huído jamás! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla".

Creo que el principito aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres para su evasión.

La mañana de la partida, puso en orden el planeta. Deshollinó cuidadosamente sus volcanes en actividad, de los cuales poseía dos, que le eran muy útiles para calentar el desayuno todas las mañanas.

Tenía, además, un volcán extinguido. Deshollinó también el volcán extinguido, pues, como él decía, nunca se sabe lo que puede ocurrir. Si los volcanes están bien deshollinados, arden sus erupciones, lenta y regularmente. Las erupciones volcánicas son como el fuego de nuestras chimeneas. Es evidente que en nuestra Tierra no hay posibilidad de deshollinar los volcanes; los hombres somos demasiado pequeños. Por eso nos dan tantos disgustos.

El principito arrancó también con un poco de melancolía los últimos brotes de baobabs. Creía que no iba a volver nunca. Pero todos aquellos trabajos le parecieron aquella mañana extremadamente dulces. Y cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla al abrigo del globo, descubrió que tenia deseos de llorar.

-Adiós -le dijo a la flor. Esta no respondió.

-Adiós -repitió el principito.

La flor tosió, pero no porque estuviera resfriada.

-He sido una tonta -le dijo al fin la flor-. Perdóname. Procura ser feliz.

Se sorprendió por la ausencia de reproches y quedó desconcertado, con el globo en la mano, no comprendiendo esta tranquila mansedumbre.

-Sí, yo te quiero -le dijo la flor-, ha sido culpa mía que tú no lo sepas; pero eso no tiene importancia. Y tú has sido tan tonto como yo. Trata de ser feliz. . . Y suelta de una vez ese globo; ya no lo quiero.

-Pero el viento...

-No estoy tan resfriada como para... El aire fresco de la noche me hará bien. Soy una flor.

-Y los animales...

-Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás muy lejos. En cuanto a las fieras, no las temo: yo tengo mis garras.

Y le mostraba ingenuamente sus cuatro espinas. Luego añadió:

-Y no prolongues más tu despedida. Puesto que has decidido partir, vete de una vez.

La flor no quería que la viese llorar: era tan orgullosa...

Quiero...

Quiero desearme en ti, sobre ti y para ti
dibujar en lienzos transparentes nuestras siluetas marcadas en atrevimiento.
Cobijar nuestros anhelos infundidos en suspiros palpitantes.

Quiero soñar esta noche sólo con tu desnudes, y guardarle un momento a tus piernas,
a tus ojos, a tu cuello, vasija de piel moldeada por sirgas de cielo;
y ahí, reservarle un segundo a tus senos, sólo un poco, para no gastarlos, y acabar mi vida en ellos.

Quiero abrazar con los labios tus hombros,
morderlos, marcarlos como huellas de arena que aparecen en mis dientes, y desaparecen en respiros.
Roer las cicatrices de polen en tus campos y curarles el ardor con la humedad de mi lengua entre mi boca.

Quiero estrujarme en tus muslos,
que mis caderas griten al viento su libertad siendo su esclavo;
desprendiéndome de vida, tú cielo, perfumando los algodones con olor a lluvia

Quiero crear música de tus caderas.
Que el placer y el gemido mueran en tus labios y sean sepultados en tu almohada.
Que emigres a mis bosques y desde ahí dibujes remolinos, espirales,
honrando el revoloteo de mariposa, en el roble que le besa.
Y de cima a sima, nos desplome el cansancio, en un abrazo.

Tu nombre.

Tus ojos me golpean la frente hasta derribar el alma de mis piernas, cuando amaneces ahí, con tu sensualidad interminable. Y es que me enamoras en el alba, en ocaso, cuando duermes, cuando ríes y un poco más cuando callas. Porque en las noches que te veo ahí, tendida, rendida toda, me olvido de aquella fiera, víctima del cansancio, en mis brazos, muerta sobre la estaca que le robael aliento, la vida. Los días se convierten en eternidad sobre ti, porque las estrellas en tu cuerpo en mi labios, no saben de tiempo, de espacioes, de existencias, más saben de muerte, puesmatan mi agonía cuando titilas en mi boca. Me gusta enfermar de ti, por tus labios, a tus mejillas, colgar de tus cabellos que me guían a tu cuello, a tus suspiros, a tus deseos más internos, los carnales,aquellos que reviven la bravía que cuelga de tus hermosos pechos, y ellos de mis dientes.Aires hirviendo yestrujados escapan de tu boca, de la mía; de las narices que chocan con locura en el letargo. Alcanzo la sed, bebo de tu ombligo, el desierto me quema, he avandonado las montañas, mis oídos no saben de vida, mis ojos aun perdidos conocen el camino; mis labios le persiguen. Te robo la vida, te mato en momentos, muero al final mientras sobrevive un aliento que constantemente dice... tu nombre.

Sobrevivientes.

Nace el invierno de una obscuridad.
Estas ahí, recostada en la blanca tundra.
Nieve calentada por dos cuerpos
derritiéndose mas rápido que ella misma.

A mi boca, a mis ojos,
les brindan calor tu espalda semidesnuda.
Mis helados vientos golpean tus hombros,
las montañas crecientes le reciben.

Tu cielo nocturno se mueve, todo.
Las estrellas titilantes danzando;
no existe cosmografía en ellas,
ni colores, ni sabores, ni distancias.

A mi brazo le abraza la nieve que a ti.
Tu corazón corre, el mío se ha ido.
Los helados vientos acrecientan,
ventiscas soplando nuestras soledades.
Nuestros cuerpos sucumben en palpitaciones.

Las masas de aguas que hierven,
corren río abajo, evaporándose,
donde yacen dos rocas y un tronco cubierto
congelados, solitarios, inertes, rígidos y húmedos.

Ideas nevan nuestras pieles.
Los pinos crecen en nuestros brazos.
El cielo sobre nosotros tan níveo, tan albo,
rozando nuestros pechos con relámpagos y luz.

Acaricio con apetito cándidas dunas
y no hay mas animales que tú, que yo, nosotros,
en extrema hambruna, alucinando, cazando ideas;
cazando orugas apareándose en nuestras bocas,
que han de transformarse en mariposas,
volando, en tu vientre, en el mío,
dejando la estela… de aquel cálido rocío.

Once...

Conjunto de mundos similares,
elementos solitarios, tan idénticos, tan nosotros...
cada uno, ambos,
porque somos tu y yo,
porque es cada quien,
porque cada quien es uno.

Once, once días de la fecha que marcó mis segundos,
mis minutos, mis horas, mis días,
mis meses, mis años, mi vida... tu todo, mi hombría.
Te extraño y no lo sabes.

Me enseñaste lo que pesa el tiempo,
y que no pesa más que el silencio.
A disfrutarlo, odiarlo, vivirlo, llorarlo
y arrepentirse y no, y no lo sabes.

Once años son la mitad de mi vida,
¿Qué valdrás tu en ella?
Diría que vales la mitad de mi vida
pero siento a veces que eres más.

Once años de escribirte, sin destinatario,
de pensarte, decirte, gritarte en silencio tantas cosas.
Mi odio por la vida, mi molestia de tenerte
de escribir tu nombre y borrarlo, en el cuaderno,
en la arena, en aquel árbol, en el pecho.

Las muñecas no siempre son de plástico y de porcelana
eso lo aprendí bien, rozando la estela del aire
de tu piel, de tu perfume, de tu pelo, de tus labios,
a quienes siempre acaricié, y no lo sabes.

Viví y caí callando y tu aire, tu olor, tu recuerdo
siempre me dio la mano, y no lo sabes.
Creí encontrar la sombra de tus piernas
en otros suelos, otros zapatos, en otras faldas,
me equivoqué, y no lo sabes.

Imaginar que te ahogo en once párrafos,
en once poemas que jamás leerás.
Lo cierto es que le robas una hora al reloj
cada hora, cada instante, al día.

Dados de once puntos,
once, número que rebasa lo aprendido por un niño.
Hace once años que aquella niña tenía once.
Niña que era una mujer para un hombre,
hombre que fue un niño, para aquella mujer.

Ambiguo pensar que volverás,
si te fuiste y nunca llegaste,
y no te llevaste lo que jamás me diste.
Dejaste lo que nunca comenzaste.

Recuerdos, he vivido de tu recuerdo, once años.
Once es un número místico,
dos unos, juntos, que valen uno.
Aquí cada quien es uno... un uno.
Pareja de números de un inicio
y el final es que cada quien es uno,
y aunque debíamos estar juntos,
esta historia, sólo fue de uno.

Yo no te quiero, pero me gustas para quererte...

Yo no te quiero.
pero me gustas para quererte.
Cuando veo tus piernas
acariciarse una a otra,
al vals de tu sonrisa
a la tonada del viento susurrante.

Yo no te quiero,
pero me gustas para quererte.
Al imaginar tu espalda sobre tus caderas
y mis piernas soportándoles
como aguas en la presa,
en movimiento incesante.

Yo no te quiero,
pero me gustas para quererte.
Mientras sueño tu boca interminable
y mi piel estremeciéndose
tras las marcas de tus dientes,
aferrándose a mis sueños.

Yo no te quiero,
pero me gustas para quererte.
Verte tan pequeña y corta
como el largo de tu falda
a la altura de este amante
que sueña a ambos cada instante.

Y es que yo no te quiero,
pero me gustas para quererte,
para esperar juntos de la lluvia nueva.
un regocijo prudente y palpable,
y ya secos, mas adelante
ya que no me gustes para gustarme
para todo y para nada, para no quererte,
mas que para amarte y amarme.