Adoro el morbo que nace en ellas
hasta mi cansancio que allí muere.
Cuando estrangulan mi cadera, la asfixian
mientras me abrazan y me muestran
el camino al oxígeno que hiere.
Caminarlas con mis labios,
gatearles con mi lengua
y arrastrarles mis dientes que se cierran,
en esta batalla de cuatro, sin tregua.
Gruesas e inmensas murallas
salvo protectoras de la vida,
vigilan al guerrero que intenta irrumpirles
mas esta noche es quien les cuida.
Guillotinas benditas del misterio
partan y rómpanme que mi cuerpo se ata,
abran sus puertas como aquella noche
y dejen entrar el aire que me falta.
Amo tus piernas
por a mi cuerpo mecerlo,
pero más amo,
cuando amo a tus piernas
y me miras hacerlo.

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