Esta noche fui a la casa un buen amigo mío, Manuel, ahí nos reunimos 3 buenos amigos, él, el anfitrión, Eder y yo. Tomamos unas copas de whisky, platicamos, recordamos y sobre todo reímos, como es costumbre. Llegue un poco tarde a casa, mucho menos que otras veces, pero al llegar a la obscuridad de mi cuarto, mi mente comenzó a iluminar todo. Encendí mi computadora para darle una mano a mi imaginación. Saludé a algunos amigos, a otros cuantos que nisiquiera conozco y vi el DVD de Alejandro Filio que Mane me prestó, por cierto está muy bueno. No sé si fueron las canciones, no lo creo, creo más bien que fueron todos los pensamientos que he tenido últimamente sobre mi vida. Sólo tengo 22 años, pero la verdad siento como que he vivido 50, no porque esté cansado o porque sea suicida, jajajaja, la verdad me encanta la vida, le temo a la muerte, tengo la mejor familia y a los mejores amigos que hacen mi vida mucho mas difícil, pero así la disfruto más, jajajajaja, los MEJORES AMIGOS. Bueno como decía, anoche no pude evitar darle una hojeada al diario de mi cabeza y por un momento me quedé ahí disfrutando. El otro día incluso escribía algo más, pero no lo terminé y era algo más o menos así, esto también me hace pensar en que he estado recordando bastante. Bueno, a algo así como las 5:30 de la mañana, decidí cerrar mi computadora y cerrar los ojos también. El ruido del televisor me despertó, era mi hermano en la cama de un lado viendo la televisión, intenté abrir los ojos pero un ardor interminable y los millones de dedos del sol lo impedían. Antes del dolor y el ardor, llegó la incertidumbre por saber la hora, creí que era demasiado tarde. Mi hermana parada junto mis pies, veía lo que mi hermano en el televisor. Le pregunté enseguida la hora a mi hermana, contestó algo sacada de onda, quizá pensando que tenia que hacer algo y contestó: “las 9, ¿Por qué?”. Volteé al reloj para comprobar la hora, porque sentía que en verdad la sensación de que había dormido bastante. Me levanté, fui a la cocina, abrí el refrigerador y tomé mi jugo de naranja como es costumbre. Encendí la otra televisión, vi un poco de noticias y le cambié, me enfadé como de costumbre. Comencé a desayunar con la mano derecha mientras con la izquierda buscaba un canal de mi agrado, como de costumbre. En FOX estaba una de mis películas favoritas con uno de mis 3 actores favoritos. “Quisiera ser grande”. Es quizá una película tonta para quien vive al día sin importarle el mañana olvidándose del ayer. Para mi es algo diferente, es una película que va mas allá de mis ojos, sube a mi maquina del tiempo, mi mente, y viaja sin rumbo. Me identifico mucho con el personaje, aún no sé por qué, jajajaja. He visto esa película miles de veces y siempre encuentro algo nuevo, pero hoy especialmente pensé mucho, en el cómo es la infancia… y cómo es cuando somos adultos. La película quedo al pelo, porque he pensado mucho en esto desde hace unos dias.

Me puse a pensar, que cuando somos niños, el mayor problema es no encontrar el juguete favorito que vimos tirado unas horas antes y mamá lo recogió y no recuerda donde lo dejó. Cuando eres niño a pesar que no conoces los problemas, quieres ser grande para tener los tuyos. Cuando eres niño todo parece inmenso y las pequeñas explicaciones para tus cuestiones te parecen inmensamente sabias. Aun a pesar de lo maravilloso que es la niñez, solitos nos vamos pudriendo con nuestros mismos pensamientos y cerrazones, y por si fuera increíble, culpamos al viento. Entre mas viejos somos, mas desconfiados y no sé por qué, por el temor a sufrir; sufrir, ¿qué es sufrir? ¿es llorar? Cuando nacemos nos hacen llorar para saber si respiramos, si vivimos. Cuando vivimos lloramos, pero no lloramos tanto como para ahogarnos y morir, eso es porque hay algo mas adelante, pero muchas veces no entiendo ni yo esto que escribo. No necesariamente hablo de algo en específico, personas y acciones cambian nuestros pensamientos a cosas negativas: un amigo que traiciona, un desamor, un mal día, que te despidan del trabajo, no sé, cualquier cosa. Creo que hay una parte de la vida en que sentimos esto, es como si nunca estuviéramos conformes con lo que tenemos, ya no somos niños, y alguien ya toma más en cuenta nuestros comentarios, alguien nos escucha, nos lee, nos ve y aun así tenemos la necesidad de sentir necesidad y por si fuera poco, la necesidad de algo negativo. Porque no ver que cuando éramos niños teníamos, pero es mejor al sensación de sentirse escuchado, y por qué no ver que eso lo perderemos cuando seamos ancianos, seremos ignorados, así como hoy lo hacemos con nuestros abuelos. Cuando somos niños no le tememos a la muerte, cuando somos viejos sabemos que es el próximo paso, pero cuando somos adultos es lo peor que nos pudiera pasar. Que difícil es ser adulto y que genial es ser niño. Que fácil era la escuela veo ahora, que gran amigo era Jorge. Que mal me porté con Iván. Le hubiese prestado mis carritos a Cristóbal. Todo esto lo pienso siendo adulto, arrepentimientos, miedos, malos pensamientos, venganza, rencores… que grande era ser niño. Cuando eres adulto todo es una competencia, el trabajo es una guerra, los comentarios son discusiones, la fuerza es pelea, por eso, que grande era ser niño. Cuando somos niños las perdidas tienen el valor que deben tener, perdemos algo pero hay algo mas que reconforta, perdemos a alguien pero es porque debía ser así, no hay mas cuestiones, pero de grandes, es como si tuviéramos que ser dueños de todo, hasta de razones ajenas, de verdades que no existen y que no existirán. De pequeños perdíamos como grandes, y ya grandes, perdemos como pequeños. A veces navego en pensamientos de niño y sonrío, y ahora, pienso en recuerdos de ayer y me molestó o me pone mal, y es increíble, porque lo tengo todo hasta el valor de envejecer. No temo a ser viejo, pues sé que después de todo, es mejor estar a cualquiera de ambos extremos de la vida que estar en el ojo del huracán. Que grande era ser niño, no sabes de porqués, de comos, de dondes. Apenas es medio día, escribo esto como si mi vida ya estuviese marcada, nisiquiera el día ha rebasado su mitad, ahora es el reloj quien nos rige, ya vivimos a prisa, todo nos parece tonto, cometemos el pecado de conocer la pena, la vergüenza y nos evitamos de hacer cosas que quizá nos diviertan, pero las evitamos por el “qué dirán”. Que grande es ser niño… y viendo una película pienso y no dejo de pensar y soñar… ¡Quisiera ser chico!